El Soundtrack de Mi Vida

En la existencia de las personas, sin duda alguna, la música tiene una influencia determinante. De tal manera que la preferencia musical de alguien nos aporta elementos para inferir su carácter, aficiones, preparación, cultura, intereses personales; en general su forma de ser. Bien podría aplicarse “dime qué escuchas y te diré quién eres”. En mi caso personal, mi vida a través de la música fluctúa entre las melodías melosas, en español e inglés, la trova cubana y musica española. Durante mi infancia, como la mayoría de los niños de mi generación, nacidos en la década de los sesentas, crecimos son el “Ratón vaquero”, “Dime abuelita”, “El chorrito”, y todas las canciones de Cri-Cri. Hay que recordar que en esos años aún no aparecía la mercadotecnia con imposición de “ídolos”, creados por la insistencia de la repetición. A estas alturas de mi vida, cuando escucho a Gabilondo Soler me remito a mi época del kinder. Sin embargo, la canción que siempre me acompaña, y cuyo estribillo me ha acompañado, es una que escuché al ingresar a la primaria, a los seis años de edad. Esta melodía de “Chavita” desde ese entonces me causaba melancolía, sin saber por qué.

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Durante mi etapa de niño escuché a Alberto Cortés, Facundo Cabral, Atahualpa Yupanki, Óscar Chávez, Tehua, Amparo Ochoa y Salvador “El Negro Ojeda”, entre otros, que era la música preferida de mi hermano mayor, Lorenzo, economista por la UNAM, y que trabajaba en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Cada quincena llegaba cargado con novedades musicales, en discos de acetato, tamaño pizza familiar, que inmediatamente ponía en el tocadiscos verde, que después fue sustituido por una gran consola de madera brillantemente barnizada, que incluía radio AM y FM, además de guardadiscos y portavasos. De la colección de discos de mi hermano, mi preferido era uno de Amparo Ochoa y en especial la canción que más me gustó, desde que la escuché por primera vez, fue “Eso de jugar a la vida”, que cantaba Amparo Ochoa. Me agradaba la interpretación de la cantante, una voz aguda, pero a la vez con mucho sentimiento, y la letra de la canción. Imagínense ya a los ocho años de edad pensaba que en la vida habría claroscuros. Posiblemente, de alguna manera, sin quererlo, me programé para ello.

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Óscar Chávez era el preferido de mi hermano, o tal vez era el artista más productivo, acompañado de “Los Folkloristas”, porque de él teníamos una decena de discos de todo tipo. Desde los que contenían sus propias composiciones, boleros de otros autores, interpretaciones del folclor y sus parodias políticas. Del autor de “Macondo” había varias melodías que me gustaban, como: “Por ti”, “La niña de Guatemala”, “Nunca jamás”, pero “Fuera del mundo”, fue para mi muy especial, que descubrí cuando estaba a punto de salir de la primaria y no precisamente en los elepés de mi hermano, sino por la película “Los Caifanes”, en la cual actuabam, además del cantante: Julissa, Eduardo López Rojas, Sergio Jiménez, Ernesto Gómez Cruz, Enrique Álvarez Félix y hasta Carlos Monsiváis. He aquí un fragmento de esta película, en cuyo fondo se escucha la canción referida. Me gustó la película y la canción, porque me identificaba con “El Estilos” (Óscar Chávez), ya que estaba embelesado de una niña rica que vivía en la Colonia Marte Militar y yo era de la proletaria Apatlaco, de calles de tierra y sin alumbrado público.

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Durante la secundaria, la música que escuchaba, además de los discos de mi hermano, era la programada en Radio Mil, Radio Sensación, Radio Centro, Radio Felicidad o Radio Variedades, baladas en español, como “Ella ya me olvidó”, “Adiós, adiós amor”, “Nunca más podré olvidarte” y “Puente de piedra”, entre otras. Pero también ocasionalmente sintonizaba Radio Universal y Radio Éxitos, de música en inglés, que no entendía ni jota; sin embargo, me atrapó Carole King con su “Haz conseguido un amigo”. Cada que la escucho me acuerdo de esa época de mi adolescencia, cuando iba a la secun vestido de chiricuto, con cabello corto, zapatos boleados y portando un portafolio negro.

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Me acuerdo que cuando estudié la preparatoria, a fines de los setentas, el boxeador Mohamed Ali, personaje controversial, fantoche y bravucón, estaba en su apogeo de fama mundial. Era el campeón de los pesos completos (por cierto aún vive, pero con mal de Parkinson). Aunque me caía como gancho al hígado por fanfarrón, se ganó mi simpatía al escucharlo interpretar “Quédate  conmigo”, canción que es de las que más versiones ha tenido, con 500 interpretaciones, una de las cuales se utilizó como tema de una película del mismo nombre, basado en una novela de Stephen King. Hace unos dos meses recibí por mail esta versión.

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Las canciones en inglés me han gustado por su cadencia, por cómo suenan, sin conocer la letra (bueno, aunque reconozco que también me ha sucedido con canciones en español, primero me atrae el sonsonete y después le pongo atención a la letra), así me pasó en mi etapa final de preparatoriano con “Imagina” de John Lenon, que la conocí por desgracia cuando un loco acabó con la vide de el artista. En esta canción sí me preocupé por traducir la letra y me gustó mucho más, porque quién no quisiera vivir en un mundo, sin guerra ni odio.

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Al entrar a estudiar en la UNAM y describir el marxismo, materialismo histórico y lucha de clases, empecé a escuchar música de protesta. Una de las que me atrapó fue “El Huerto” de Roberto González, que en sí era una invitación de vivir el presente, disfrutar, hacer y deshacer, sin esperarse a la compensación del paraíso después de la vida.

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En la misma etapa de estudiante de Ciencias Políticas me atrapó la propuesta musical de la trova cubana con Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, aunado a que estaba en la época de gran admiración al “Che” Guevara y a la participación de marchas y manifestaciones contra el Capitalismo y el Estado represor, en esa etapa revolucionaria me gustó “Créeme” de Pablo Milanés.

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Desde que salí de la UNAM, y empezé a trabajar dentro del periodismo, mi pasatiempo predilecto era el cine. En una de tantas visitas a la Cineteca, descubrí la obra de Pedro Almodóvar y me gustó la canción de “Lía”, de la película “Átame”.

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De Almodóvar he admirado su tino en la selección de sus temas musicales, otra de mis preferidas fue “Piensa en mí” en la voz de Luz Casal, que ha sido de mis cantantes y compositoras preferidas. De ella me gusta muchísimo “Recuerdos”, que la compuso para su padre después de haber fallecido.

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Como reportero tuve la oportunidad de entrevistar a Carlos Díaz “Caíto”, quien había sido integrante del grupo “Sanampay”, junto con Guadalupe Pineda y Eugenia León. Como solista Caíto interpretaba, entre otras, algunas canciones de la trova cubana, pero también “Colibrí”, un poema tradicional de origen impreciso, porque mientras unos dicen que es de la península yucateca; Silvio Rodríguez, en una entrevista señaló que esta fue la canción de cuna que le cantaba su madre, allá en Cuba. “Colibrí” refiere a la solidaridad y al amor al prójimo, es una de mis canciones preferidas, que resalta por el sentimiento que le imprimía “Caíto” a sus interpretaciones.

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Aunque yo conocía el trabajo de alguno músicos españoles (Sabina, Serrat, Ríos, Víctor Manuel y Ana Belén), fue hasta el año 2000 que descubrí el trabajo de Luis Eduardo Aute, un creador polifacético, porque además de compositor e intérprete, es escritor, pintor, escultor  y cineasta. Cuando una compañera de trabajo puso un CD de Aute con Silvio Rodríguez, me gustó y me atrapó su estilo y la letra de sus composiciones. De niño escuché en la radio una canción española que había ganado un festival, era muy pegajosa, pero que no me agradaba su “la,la,la,la,la, rosas en el mar”, interpretada por Maciel, cuya autoría me enteré, treinta años después, que era de Luis Eduardo Aute, que aunque nacido en Filipinas creció y ha vivido en España. En general su discografía es excelente, pero en especial me quedo con “Sin tu latido”.

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A pesar de que la música de los tenores se ha popularizado, con Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, José Carreras y Andrea Bocelli, a excepción de “O sole mío” no me ha atrapado.

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Juan Manuel Serrat ha sido uno de mis artistas preferidos, pero cuando escuché “Penélope” en la voz de Diego Torres me gustó su propuesta, con su dinamismo y emotividad de sus interpretaciones, como la de “Caíto” y Yekina Pavón. De este cantante argentino en especial me gusta “Color Esperanza”.

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La estación de radio Horizonte es la que escucho, mi favorita desde que la descubrí hace unos diez años. En su propuesta descubrí “What a wonderlful word”, de y con Louis Armstrong. Y aunque, lo he dicho, mi talón de Aquiles es el inglés, desde que la escuché intuí que desea cosas muy interesantes y humanas. Y cuando encontré la traducción lo corroborré:

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